Durante la pandemia del COVID-19, el personal de
enfermería enfrentó una sobrecarga laboral sin precedentes, afectando
gravemente su salud física y emocional. Según Greenberg, N. et al., “La fatiga,
el agotamiento y el estrés fueron comunes, afectando tanto la salud del personal como la calidad de la
atención brindada puesto que refleja el impacto directo de la sobrecarga
laboral en los enfermeros durante la pandemia y la adaptación constante a
nuevos protocolos complicó la rutina diaria del personal de Enfermería,
incrementando la presión y dificultando la implementación efectiva del cuidado
clínico⁵”.
Además, los desafíos no solo fueron clínicos,
sino también estructurales. Ramonet I⁶. sostiene que La alarmante falta de
personal de enfermería en la mayoría de las regiones del mundo, es uno de los
grandes problemas de los que se viene hablando hace tiempo y de la crisis del
COVID-19 ha puesto nuevamente en el primer plano. Puesto que la escasez de
enfermeros no solo es un problema antiguo, sino que también estructural, que se
relaciona directamente con la calidad de la información, la falta de inversión
en la educación sanitaria y la baja disponibilidad de docentes especializados.

Es importante saber lo duro que fue para el personal de enfermería durante la pandemia. No solo trabajaron más de lo normal, sino que también sufrieron mucho cansancio y estrés. También me parece importante cómo se menciona que la falta de enfermeros ya era un problema desde antes
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